El regreso
¿Que donde me había metido? sigo aquí queridos míos... ¿continuamos?
Me alegre mucho de que Lestat aceptara. En mis estadías en otros países conocí muchos vampiros pero ninguno tan magnífico como él, sus allegados me llamaban Lestat en versión femenina o simplemente mini Lestat, cosa que si me molestaba. También solían llamarnos el caballero de la destrucción y la dama de la muerte, pues juntos derramamos océanos de sangre, acabamos con familias e incluso con dinastías enteras en una sola noche.
Esa misma noche después de la cena, Lestat y yo nos montamos en un tren, en ese tiempo nos encontrábamos en Nuevo México y nuestro destino era el sur de Norteamérica.

Llegamos al amanecer y para ocultarnos de nuestro principal enemigo decidimos quedarnos en la cripta de un panteón con un exquisito olor a muerte. Al atardecer el ya no estaba conmigo e intuí que habría ido por la cena o a buscar un buen hotel donde alojarnos.
Me aburrí de estar sola y de esperarlo, así que decidí tomar un paseo. Esa ciudad se me hizo muy familiar, tal vez la vi en un libro o quizá ya había estado aquí antes. Por instinto más que por deseo camine hacia un parque.

Cuando llegue ahí, empece a sentirme muy triste. Aquel parque de frondosos árboles y peculiares flores me puso melancólica y yo no sabía por qué. Me senté en una banca junto a una hermosa fuente. No sé porque pero no soporte la tristeza que me provocaba el lugar, las lagrimas empezaron a fluir, era muy extraño pues nunca lo había hecho, agache la cabeza pues no soporto que nadie me vea en ese estado... y un vampiro llorando es algo absurdo ¿no?
No resistí un minuto más estar allí y Salí corriendo sin mirar a nada ni a nadie. Me sentía desesperada en ese lugar.

Choque con una persona y caí sentada; seguía cabizbaja cuando escuche la voz de una mujer diciendo: ¿srita. Se encuentra bien?, ella me tendió la mano y yo acepte, alce mi cabeza lentamente, la mire de abajo hacia arriba, cuando vi su rostro mis ojos se abrieron de par en par. Me sorprendí demasiado. La mujer se quedo petrificada. Era una mujer de un poco mas de 45 años, pelo cano y rolliza... pero no era una mujer cualquiera... era la que me había dado la vida humana. Al principio lo dude pero su rostro la delato. Mi madre derramo una lagrima al verme, quiso abrazar mi cuerpo frio, me aparte inmediatamente y Salí corriendo una vez más.

Uno de mis guantes quedo en su mano. Seguí corriendo, mi mente daba vueltas, una lluvia de recuerdos la a bordo de golpe... mi adorada amiga... el accidente... el hospital... incluso recuerdos del mismo funeral. Que dolor más grande sintió mi corazón al recordar aquella escena en que ella lloraba junto a mí y yo le decía adiós. Caí arrodillada cuando doble en una esquina, todo estaba oscuro, la noche había caído. Mi mente estaba como ida, me dolía la cabeza y millones de cuestiones empezaron a surgir: ¿Cómo era posible que después de 50 años mi madre estuviera viva? ¿Cómo era posible que por tanto tiempo me olvide de mi querida amiga Tesy? ¿Es demasiado tarde para buscarla? ¿Se habrá suicidado en un intento por seguirme a la muerte? Solo una cosa ya tenía clara. Lestat me mintió.

Que decepción mas grande, el único que pensé que me amaba... pero Lestat nunca me amo, si me hubiese amado nunca me hubiese ocultado todo esto, todo el amor que sentí por él se convirtió en odio y en sed de venganza; ¡solo habían pasado 6 años! ... ¿pero en dónde podría encontrar a mi amada Tesy?
Seguí vagando por toda la ciudad que ya conocía pues era mi ciudad natal, todavía no sabía qué hacer, mi odio por Lestat y la furia contenida me hacían pensar muchas cosas.

Llegue a la casa de mi hermosa Tesy, quería verla, ver si estaba viva, si por fin era feliz, si me recordaba... lo primero que vi, fue que en lo alto de la puerta de entrada, colgaba un enorme moño negro. ¿Será que intento seguirme? Pero si le dije que no se atreviera. Trepe un árbol para poder observar desde una ventana, el odioso vestido azul turquesa que llevaba puesto, no me favorecía en mi tarea, así que le arranque varios pedazos para hacerlo mas cómodo.
Y ahí estaba yo, sentada en la rama de un árbol, esperando a que ella estuviese bien y que fuera a su habitación. Me moría de nervios y de agonía al mismo tiempo. ¿Por qué no llame a la puerta? Pues porque no puedo permitir que nadie más me vea así, en lo que me he convertido...












